Una célula entra en senescencia cuando detecta un daño que no puede reparar: telómeros demasiado cortos, lesiones en el ADN, estrés oxidativo intenso o activación de oncogenes. Detenerse es una defensa contra el cáncer, porque impide que una célula dañada siga multiplicándose.
El problema es lo que hace después. Las células senescentes secretan una mezcla de citocinas, enzimas y factores de crecimiento llamada SASP (fenotipo secretor asociado a la senescencia), que mantiene una inflamación de bajo grado y puede empujar a células vecinas hacia el mismo estado. Con la edad se acumulan en muchos tejidos.
Por eso la senescencia es un tema central en la investigación del envejecimiento, con líneas que buscan eliminar estas células (fármacos «senolíticos») o modular su secreción. El acortamiento de los telómeros es una de sus causas mejor estudiadas.
Muchos compuestos asociados a la «longevidad» se estudian por su relación con la senescencia o los telómeros. Es un campo activo pero con mucha evidencia todavía preclínica.
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