Las hormonas peptídicas naturales suelen ser malas candidatas a fármaco: duran minutos, se degradan con facilidad o activan varios receptores a la vez. El análogo parte de esa hormona y la ajusta. Las herramientas más usadas son la sustitución de aminoácidos, la incorporación de aminoácidos no naturales o D, la ciclación, la amidación y la unión de ácidos grasos o complejos que se asocian a la albúmina.
Los ejemplos del catálogo son muchos: la semaglutida es un análogo del GLP-1; la tesamorelina y el CJC-1295, de la GHRH; la cagrilintida, de la amilina; el IGF-1 LR3, del IGF-1; el Melanotan I y II, de la α-MSH.
Un análogo no es una copia: puede diferir de la hormona natural en potencia, en selectividad y, sobre todo, en su farmacocinética. Por eso sus datos de investigación no se trasladan automáticamente de la molécula natural, ni viceversa.
Identificar de qué hormona es análogo un compuesto es la forma más rápida de entender su mecanismo. Identificar qué cambió respecto de ella explica sus diferencias de duración y comportamiento.
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