El proceso tiene tres fases. Primero se congela la solución. Después, en el secado primario, se aplica vacío y un poco de calor para que el hielo pase directamente de sólido a vapor sin fundirse. Por último, en el secado secundario, se elimina el agua que quedó unida a las moléculas.
Casi todas las reacciones que degradan un péptido —desamidación, hidrólisis, muchas oxidaciones— necesitan agua. Al retirarla, el péptido queda «detenido» químicamente. Por eso un péptido liofilizado bien cerrado y protegido de la humedad y la luz puede conservarse durante mucho más tiempo que el mismo péptido en solución.
El aspecto típico es una pastilla o polvo blanco en el fondo del vial. Que la pastilla se vea fracturada o suelta no suele indicar un problema; que aparezca húmeda, colapsada o amarillenta sí puede indicarlo.
La estabilidad de un péptido liofilizado termina en el momento de reconstituirlo: a partir de ahí vuelve a estar en solución y empieza a degradarse. Por eso las condiciones de conservación antes y después de reconstituir son distintas.
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