A diferencia de la oxidación o la desamidación, la agregación es una degradación física: no rompe enlaces, pero las moléculas se pegan unas a otras a través de sus regiones hidrofóbicas. Algunos péptidos son especialmente propensos, como la amilina humana nativa, que forma fibras amiloides, o los péptidos lipidados.
La favorecen las concentraciones altas, un pH cercano al punto isoeléctrico, la agitación (que crea interfaces aire-líquido), los ciclos de congelación y descongelación y el calor. Un fenómeno relacionado es la adsorción: a concentraciones muy bajas, parte del péptido se queda pegado al vidrio o al plástico.
La señal visible es una solución turbia, con partículas o con filamentos. Una solución de péptido correctamente reconstituida debe ser transparente.
Los agregados no solo reducen la cantidad de péptido activo: en sistemas biológicos pueden aumentar la inmunogenicidad. Por eso la regla de disolver girando suavemente, sin agitar, tiene fundamento.
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