En polvo liofilizado, un péptido puede mantenerse estable durante mucho tiempo. En solución, el reloj empieza a correr: la desamidación, la oxidación, la hidrólisis y la agregación avanzan, más o menos rápido según la molécula. Por eso no existe una cifra única válida para todos los péptidos.
Como orientación general de laboratorio, las soluciones de péptidos se conservan refrigeradas entre 2 y 8 °C, protegidas de la luz, y su uso se plantea en semanas, no en meses. Los péptidos con residuos sensibles (metionina, asparagina seguida de glicina, cisteínas libres) o los que tienden a agregarse son más delicados.
Para usos prolongados, dividir la solución en alícuotas y congelar las que no se usarán pronto reduce la degradación, siempre evitando ciclos repetidos de congelación y descongelación.
Anotar en el vial la fecha de reconstitución, la concentración y el disolvente es un hábito sencillo que evita trabajar con material degradado sin saberlo.
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